Inicio Terapias Médicas Avanzadas POR QUÉ FUNCIONA EL TRASPLANTE DE CÉLULAS MADRE EN ENFERMEDADES PULMONARES CRÓNICAS COMO EL EPOC Y LA FIBROSIS?
POR QUÉ FUNCIONA EL TRASPLANTE DE CÉLULAS MADRE EN ENFERMEDADES PULMONARES CRÓNICAS COMO EL EPOC Y LA FIBROSIS?

POR QUÉ FUNCIONA EL TRASPLANTE DE CÉLULAS MADRE EN ENFERMEDADES PULMONARES CRÓNICAS COMO EL EPOC Y LA FIBROSIS?

Publicado el 4 noviembre, 2016 - 2:34 pm

Varios de nuestros pacientes y lectores nos han solicitado en múltiples ocasiones que expliquemos en lenguaje no médico, cómo es que funcionan las células madre mejorando los pulmones enfermos y cuál es la base de esta terapia.

En beneficio de esas personas, presentamos en esta ocasión un resumen en lenguaje no académico cómo funciona un trasplante.

Como introducción debemos recordarle a nuestros lectores, que todas las células de un individuo provienen de la unión de un óvulo (de mamá) y de un espermatozoide (de papá) que aportan cada uno la mitad de los cromosomas humanos (23 cada uno), y que al convertirse en una sola célula se establece un embrión con los 46 cromosomas completos que poseemos los seres humanos.

Esta única célula madre o progenitora inicial, es capaz de formar los 200 tejidos que forman el cuerpo de un individuo, además de poder crear la placenta y las membranas que protegen el feto durante todo el embarazo. Esa célula básica inicia su división y multiplicación en múltiples tipos de células, y a medida que se van dividiendo se van “especializando” y perdiendo su capacidad de ser capaces de convertirse en todo un individuo hasta que llegan solo a participar en una sola función como por ejemplo, producir insulina o transmitir impulsos nerviosos.

Sin embargo, el organismo humano mantiene durante la vida de la persona algunas células madre o progenitoras que se encargan de regenerar los tejidos dañados o de crear tejido nuevo requerido por el organismo. Todos los seres humanos estamos conscientes de cómo nos crecen las uñas o el pelo, o que la piel se nos descama o cicatriza cuando tenemos una herida.  Sin embargo muy pocos de nosotros estamos conscientes que todas las células de nuestra sangre se renuevan cada 120 días aproximadamente, y que en este caso, estamos hablando de la renovación de miles de millones de células que hay que sustituir en ese corto tiempo. Por ejemplo, la cantidad normal de glóbulos rojos en sangre es de 4.5 millones de células en cada milímetro cúbico de sangre, por lo que una persona de 70 Kg que posea un volumen sanguíneo de 5 litros deberá de reponer en 120 días la cantidad de 22,500 millones de estas células, además de hacer lo mismo para los glóbulos blancos y las plaquetas.

Para esa tarea, las células madre de la sangre o células hematopoyéticas quienes residen en la médula ósea de los individuos, deben de desarrollar una doble función. La primera es perpetuarse a sí mismas durante toda la vida del individuo para que siempre haya células progenitoras que puedan producir células de la sangre. Esto conlleva a que estas células deben de producir o dividirse en células idénticas a ellas que tengan la capacidad de mantener la producción, ya que en el momento en que ellas se terminen la persona moriría de aplasia medular y falta de producción de plaquetas, glóbulos rojos y blancos.

 

La segunda función es convertir algunas de esas células madre en células sanguíneas para mantener los niveles necesarios de miles de millones de glóbulos y plaquetas en la sangre y mantener el trasporte de oxígeno, la coagulación de la sangre y las defensas en total normalidad.

Como se puede ver, la cantidad de células madre residentes en la médula ósea es quizá la mayor de todo el organismo humano, y por ello son la fuente más común de células para trasplante, además de que se ha comprobado que las mismas son capaces de convertirse en células de otros tejidos (corazón, pulmón, etc) si reciben la información y los impulsos adecuados.

Algunos órganos o tejidos como el pulmón o el tejido nervioso, no tienen suficientes células madres residentes en ellos y por lo tanto no son capaces de regenerar el órgano dañado. Sin embargo, las células madres residentes o propias del pulmón, pueden ser “reforzadas” por las células madre hematopoyéticas o mesenquimales y con la información necesaria provenientes de las células del órgano dañado, las células mencionadas pueden convertirse en células pulmonares y ayudar a reparar las lesiones del pulmón.

En los procedimientos de trasplante para enfermedades pulmonares tres tipos de células son importantes: células Mesenquimales; células hematopoyéticas y células endoteliales.

Las primeras se pueden encontrar en la médula ósea así como en la grasa y otras partes del organismo. Las otras dos se encuentran en la sangre. Sin embargo para propósitos de regeración de tejido pulmonar las más importantes son las células mesenquimales que son muy escasas (menos del 0.1%) y que no se pueden obtener de sangre periférica, por lo que hay que realizar un procedimiento especial para obtenerlas.

Una vez estas células de refuerzo han llegado al órgano enfermo, se anidan en él en virtud de que reciben los estímulos necesarios para ello y podremos ver en algún tiempo prudencial un aumento de la regeneración del mismo con la consiguiente mejoría del enfermo.